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Ignacio Bravo busca correr en la Antártida

DEL FINAL AL PRINCIPIO LA HISTORIA DE UN AMANTE DE CORRER

Primera de tres partes

Hacer deporte para muchas personas es sinónimo de salud y bienestar físico, un entretenimiento o una forma de olvidar problemas y rescatar soluciones; para otras, es, vamos, una total y completa forma de vida. La actividad física con cualesquiera de sus nombres; es quizá uno de los más importantes escaparates para un sin número de inquietudes, conflictos o situaciones que se enfrentan cada día.

Invitar a niños, jóvenes, adultos y adultos mayores a hacer cualquier tipo de ejercicio o deporte, por recreación o en alto rendimiento; es el mensaje de la figura de esta edición. Sin importar la edad, dice, siempre es tiempo para lo sano, para reinventarse a través del mejor medicamento que existe: la actividad física.

Se trata de un hombre que en cada frase que emana, no hace más que demostrar que, sin duda, no se necesita de un gran físico o condiciones biológicas o genotípicas para destacar en lo que se hace. Recorrer cinco continentes a través del deporte y, en sentido figurado, haberle dado ya una vuelta completa al planeta, a través de un paso firme, constante y con el anhelo a mediano plazo de demostrarse a sí mismo; que es capaz de vencer sus propios miedos y límites, corriendo en condiciones climáticas bajo cero, habla un poco de este titán de acero.

Ignacio Alberto Bravo González; es mexicano y tiene 58 años de edad. Su pasión, para no hacer más preámbulo, es correr. en las diversas maratones que hay a lo largo y ancho del mundo. No es un medallista olímpico, no es un atleta del que todo México haya escuchado hablar por batir marcas o aparecer a diario en la prensa escrita, radio o televisión, es simple y sencillamente, un hombre como cualquiera que en estos momentos esté sentado a nuestro lado o leyendo este artículo. sí es un titán para su familia y para quienes lo conocen, que cada día son más.

Ingeniero en Telecomunicaciones y Electrónica, con un Diplomado en Administración, "Nacho" como le dicen sus amigos y él mismo se nombra, esta en otra etapa de su desarrollo, una vez llevada a buen término, su etapa laboral, y no deja más que ver dentro de sí una gran pasión porque la gente conozca su historia y vea en él otra opción para superarse y abrirse camino a través del deporte.

Bravo González, inició su carrera deportiva hasta los 33 años de edad. Sí, hasta los 33. En efecto, no se trata de mostrar una historia como la de Samuel Wanjirun (qepd), campeón olímpico en la maratón en Beijing o la de un keniano que cada vez que inicia una carrera, la gana. Es más bien la historia de alguien que descubrió el deporte a una edad madura, si consideramos los estándares actuales para iniciar una actividad, sin embargo, hoy día con la frente bien en alto habla sobre lo que comenzó como una invitación de sus "cuates" para correr, hoy en día es su vida; incluso, advierte, es el único de ese equipo de camaradas que se juntaron para participar en la Maratón de Nueva York, que religiosamente optó correr como una inherente forma de vida.

"Yo sé lo que es ganar una Maratón y llegar en primer lugar; sé lo que es ir al frente, cuidar al de atrás; sé lo que sienten los kenianos cuando van liderando y no hay nadie que los rebase", con esta frase y a punto de llorar fue como ese señor de personalidad fuerte dejó ver su fase más sensible y delicada - si se nos permiten estas expresiones -.

Pero ¿cómo es que ganó una maratón y no es conocido? Sin duda una de las lecciones de vida que marcaron por siempre a Ignacio Bravo es su victoria en el continente africano, digamos, la cristalización de haber competido alrededor del mundo.

Comencemos por decir que en el 2008 listo e inscrito en el "Victoria Falls Marathon", en la Ciudad de Zimbabwe, en Africa, le informaron que había sido cancelada; aunque tuvo opción de correr en Argentina, la espina de tener en su palmarés individual el haber competido ya en los cinco continentes aún permanecía. Por ello decidió intentar una vez más, en 2009, correr, fue así como dio con "El Gouna Marathon", a un costado del Mar Rojo.

Así que sin su familia decidió partir rumbo a tierras africanas, con semanas de anticipación, de esta forma, explicó, se permitió unos días de merecidas vacaciones activas visitando los museos de El Cairo, hasta Hurgada para finalizar en El Gouna. El 6 de diciembre de 2009, es una fecha que se encontraba registrada en su mente, era el día que recorrería los 42 kilómetros,195 metros de la Maratón, en Africa, el último de los continentes que faltaba por competir.

"Mi maratón favorito es Nueva York. Pero el que cambió mi vida fue Africa. Me enfrenté a cosas que no estaban planeadas, pasé de la frustración, del coraje, del enojo, a entender que cuando uno tiene un sueño llega el momento que la vida te dice si de verdad amas esto demuéstramelo. A veces hacemos las cosas porque creemos que es lo correcto; pero cuando llega una situación donde no tienes de otra, o renuncias y te regresas con las manos vacías; o compites; es cuando realmente se sabe quién es uno.

Corrí esa maratón en la fase final de mi etapa productiva empresarial; sabía que eran mis últimos años; era la culminación de muchos sueños; eran las bendiciones de mucha gente que ha creído en mí, que me había apoyado.

Después de diez días de visita por Egipto, llegué al hotel un par de días antes para inmediatamente conectarme a internet e identificar la localización de mi kit de competidor inscrito; no obstante, cuando abrí la página oficial, un letrero grande anunciaba su cancelación.

Intenté cerrar y abrir la página web, pero mi intento fue en vano, porque en efecto no había maratón; estuve toda la noche en vela, deprimido, devastado; los empleados del hotel se permitieron tocar mi puerta para saber si estaba bien. Mi respuesta fue afirmativa.

Había hecho uno de los mejores entrenamientos de mi vida; había bajado de peso y grasa; el gasto económico había sido fuerte; así que tenía dos opciones. Después de tanto lamento decidí contactar con la persona encargada del spa del hotel en el que me encontraba para explicarle que le pagaría para que el domingo 6 de diciembre me asistiera con agua, en una bicicleta y fuera mi testigo."

En efecto, Nacho había decidido correr su propia maratón. Envió un mail al comité organizador de la fallida carrera para anunciarles su propia decisión, en respuesta recibió un mail diciéndole que lo aprobaban y, que en caso de hacerlo, le avalarían su tiempo. Aun con vicisitudes como que Mohamed - el responsable del spa, no podía presentarse a las 8:00 horas, sino hasta las 10:00 horas, decidió el domingo 6 de diciembre de 2009 iniciar su carrera en solitario.

"Ese día arranqué en primer lugar, lideré toda la carrera, nadie me rebasó, nadie me adelantó y yo gané la carrera. Yo sé lo que es ser un keniano, sé lo que es ir hasta adelante, hice mi ruta. en Egipto dejé la ruta Nacho. Hice mi propia carrera.

Yo creo que el destino me dijo: Si amas tanto correr, pues demuéstramelo, no me importó si me la validarían; esa carrera está en los records de la historia, está en mi corazón; no tengo medalla, ni estoy en ninguna web, pero está tatuada en mis reconocimientos de la vida. Sé lo que es lograr un sueño y eso cambió mi vida; me di cuenta de lo que era capaz y entendí que, en efecto, el hombre hace cosas para halagar al hombre; pero la medalla del que llega en primer lugar, es igual a la del cuate que llega al final; es la misma porque ambos lograron su sueño. Yo hago 4 horas y media, soy un cuate promedio, un soñador, que ama empapar su camiseta. Para mí tiene tanta validez el que llega en primero como el último lugar."

Su regreso a la capital fue igual de importante en su vida, pues decidió, después de 35 años de trabajar, anunciar su retiro para jubilarse y convertirse en consultor independiente; pero sobre todo, realizarse aún más como esposo, padre de familia y como amigo.

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